Ocurre que despertarse en la mañana y encontrar la voluntad de respirar conciente se vuelve un tremendo ejercicio cardíaco. No por lo muscular, sinó por el supuesto reservorio de amor que es el cucharón.
Subir a la biósfera y volver la este cuerpo joven y adolorido hasta el pelo, hacer el rewind de lo que hice comí, fumé, besé, dije y dejé de hacer, todo lo que me trae hasta este minuto, inevitablemente sola, sarcásticamente conciente... es un viaje apoteósico, escatológico, y muchas cosas mas que el bueno de redolés sabrá plasmar con mas gracia que yo. Pero qué mierda de sensación.
Una vez mas el viento me seca las lágrimas. De nuevo me da tanta pena que cuesta no arrastrar los zapatos y mantener el aseo personal al nivel de los requerimientos urbanos. Lo que más cuesta es respirar en esta atmósfera de aweonamiento total, de pérdida de los puntos cardinales, de sentido del absurdo. Porque nada de lo que dije sirvió para evitar nada de lo que ha ocurrido.
Y sin embargo, existe un agudo sentido de optimismo que no es en mí o las cosas que me rodean. Claro, digamos todos que la madre tierra me protegerá y que mi conexion con el cosmos ejercerá un poder supremo que deja libre de polvo y paja a todos. Todos somos culpables, ergo, nadie lo es. Es mas cómodo, fácil de digerir.
Y hasta a veces me lo creo.Es algo porfiado,pero es el salvavidas a la tormenta social de que" no importa lo pésimo que se porten con tigo"; el que tira las mejores tallas nunca será juzgado porque las sonrrizas valen mas , son baratas de comprar por la población.
Debiera tener ganas de tomarme unas chelas, pero creo que prefiero hacer otras cosas mas individualistas. El conocimineto público estará libre de quejas, bueno, esta es la ecepción.
No importa que hable con los amigos, al final siempre las que decimos las verdades caemos mal, nadie se indignará por lo trágico de nuestra muerte, ni recordará que con nosotras se llebó a medias el miedo de emprender los caminos....
pero francamente, eso a estas altura ya me tiene sin cuidado.